El árbol despluma sangre
en una realidad suburbana, acre,
contaminada por la palabra ajena,
la palabra del Fingidor Injusto,
y otra palabra, esta palabra
hace eco de la masacre
que comete a diario en los diarios
y en los balcanes televisivos.
Después supuse que era poesía,
una sensación en el estómago,
me dije.
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