Hoy el verdulero me vendió una manzana
riquísima. Cuando me acerqué con la vista, me dijo, esas son las mejores manzanas.
Las golpee con el dedo para ver si su sonido ahuecado confirmaba su propuesta,
y le dije que llevaba dos. Ahora me estoy comiendo esa manzana, y veo que es
así, y que incluso es todo lo contrario a lo que la mayoría piensa, eso de que
ahora es todo industrial. Esta manzana me dice lo contrario, es deliciosa. El
frío que las produjo seguro le dio este sabor. Un sabor único, que sólo se
consigue en el sur de nuestro país. Al tragar el primer trozo me senté y
escribí.
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