"A ver si prestás atención. Estas 100 hectáreas son mías, esta vaquillona es mía, mía, mía. Pero la fuerza animal de los toros es ajena, pero necesaria. Estas mil toneladas que se alojan en la silo bolsa son mías, mías, mías. Los dólares son míos. La civilización es mía, la barbarie ajena. La retórica intrusa es mía, la ambición del poder también es mío, yo fomento lo representación personalista, que anda con mil ojos viendo si el que descansa a su lado no lo está apuñalando..."
Eso es lo que está en juego. La vuelta a una cultura individualista, de shopping, atemorizados por la pobreza que lleva el otro en el cuerpo, atemorizados por la diferencia o buscamos una cultura de amor, sin envidia, una cultura en la que cada persona que la constituye sepa que es en tanto y en cuanto haya otro que lo acompañe, una sociedad como un circuito infinito de relaciones y no como seres aislados, creyendo que los sueños tienen sentido si hay un otro que nos empuja, que nos alienta consciente e inconscientemente, porque hasta los anónimos que nos cruzamos en el camino son parte nuestra. De la mano evitamos ese pasado, de la mano curamos nuestras penas y de la mano emprendemos nuevamente la marcha.
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