Una inspiración




Hoy el verdulero me vendió una manzana riquísima. Cuando me acerqué con la vista, me dijo, esas son las mejores manzanas. Las golpee con el dedo para ver si su sonido ahuecado confirmaba su propuesta, y le dije que llevaba dos. Ahora me estoy comiendo esa manzana, y veo que es así, y que incluso es todo lo contrario a lo que la mayoría piensa, eso de que ahora es todo industrial. Esta manzana me dice lo contrario, es deliciosa. El frío que las produjo seguro le dio este sabor. Un sabor único, que sólo se consigue en el sur de nuestro país. Al tragar el primer trozo me senté y escribí.  

La poesía



La poesía es distracción, surge al desaparecer.
No se detiene, allí la poesía no se deja ver,
no siempre se la escribe. La poesía ve miradas
de otros días, ve las acciones que corremos
del camino: los actos que perturban,
las miradas que distraen.
Por eso es distracción. Se aparta
y nada de lo otro la tienta,
sólo descubre misterios pero no inicios.
Ve recuerdos encapsulados entre sí
Y luego se inmola en llanto y risa. 

El yo cayó



Ya no hay miedo, ya no hay un solo Yo
que se pueda expresar, ya no hay un Yo
que siga un camino ajeno. 

12.30 a.m.

Pienso que todo es una farsa,
pero todo, hasta estas palabras
que no están. Entonces,
por qué no darles la bienvenida.

La poesía se inmola


La poesía se inmola
En su propio desierto.
Allí estalla y se pierde
en una lluvia de arena.
Nuevamente se vislumbra
y el verso vuelve a fraguar
en las aguas tranquilas de una bahía.

El misterio de estas palabras




El horizonte lo borronea una mano
que juega sobre este camino a casa.
El cuerpo desespera por el ritmo
de unos ojos confundidos.
El deseo y el recuerdo se pegan
en el sueño de la noche.
El viento arrastra hojas caídas,
los gatos negros escapan de mi paso,
yo escapo a la brazada de los árboles.
Con espanto camino, camino a casa,
cruzo la ciudad, cruzo un río inmundo 
y a lo lejos, un fuego revive 
los corazones de la noche de ayer.


Mi paso avanza por calles solitarias.
Sólo queda la poesía en la luz amarilla,
en las casas bajas de una ciudad que fue,
en los rascacielos que se proyectan,
en los hombres que la sombra presume
en cada esquina, en cada frente.
La poesía se pega en las baldosas flojas,
en el cielo púrpura, y las estrellas
que apenas se vislumbran
me destinan ser un rey de un reino
sin ciudadanos, sin horizonte,
enredado en el misterio del camino a casa,
en el misterio de estas palabras.

Mi vida hoy


Mi vida hoy, 
Todo este surgir hoy,
que el tiempo aglutina,
en su estómago efímero.

Ya no me iré, sin haberme oído




hacia millán