De adentro se escucha el grito de un niño, que sufre un golpe. Aquí, afuera, la tranquilidad es incierta. Es tan divertida, que tengo una plétora de opciones que me parecen que ya las viví y parecen aburridas. A veces me frustro, por confiar en mi suerte, esperando encontrar una realidad suprema. Trato de entusiasmarme, y mi voluntad, termina estresada.
Oiga, me dijo una vez mi padre, no tiene más que creerse lo que quiere ser, no piense en nada más. Eso me bastó. Cuando lo oí por primera vez, me bastó para saber, que ahora, en ese momento, ya era un poeta. Que no me hacía falta escribir nada para serlo. Y así con cada una de las cosas que voy a atravesando en esta sempiterna y desarreglada vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Dejar una nota